
Había una vez, en un lugar de Asia, una pequeña vaquería, cuyas vacas daban una leche realmente espectacular. Estas lo sabían, y se las prometían realmente felices, pues pensaban que tendrían una vida plácida y llena de lujos, por su cualidad.
Pero entonces hubo un terremoto, y, de forma milagrosa, sobrevivieron, y exclamaron:
-Muuuuu (Bieeeen, que afortunadas somos).
Jà. Que ingenuas. La central de Fukushima (o como cojones se escriba) se vio muy afectada, y al poco tiempo, a causa de la radioactividad, se prohibió a la población consumir leche, así que nuestras queridas vacas, que eran muy costosas de mantener, fueron sacrificadas.
FIN


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