lunes, 30 de mayo de 2011

El ombligo feliz.

Había una vez un ombligo feliz. Y eso que no era un ombligo que debiera ser feliz.

Pongamos algún ejemplo de ombligo feliz. Y esto son simplemente conjeturas, porque nunca he conseguido que un ombligo me hable, son muy celosos con sus pensamientos. Pero así a bote pronto, un ombligo feliz sería por ejemplo, el de Shakira, el de tu barba, y en general esos ombligos bonitos, agradables a la vista.

Pero este ombligo era de un chaval gordo y sucio. Y diréis, ¿por que era feliz ese ombligo? Muy fácil. Tenía una afición, y una meta en la vida.

Empezaremos con la afición, para no desmontar el final de la historia. Este ombligo dedicaba cada minuto de su existencia a coleccionar mierda. Mierda que guardaba en su interior en forma de bolitas, que escondía en los más recónditos pliegues para que el chaval gordo y sucio no pudiese encontrarlas.

Y su meta, su meta era un poco menos agradable. Consistía en destruir a su portador. Y si, lo consiguió. Como, os preguntaréis. Muy fácil. Con su hobbie. Después de años guardando mierda en bolitas, causó una infección al chaval gordo y sucio, que se extendió rápidamente y le mató.

Fue un ombligo feliz.

4 comentarios:

  1. No me gustan nada los ombligos.

    Los veo innecesarios, deberían desaparecer.

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  2. Yo le veo una utilidad. Y es marcar el centro de la persona.

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  3. Mi ombligo no es mi centro. Puedo usarlo para James & Jones? Últimamente se me ocurren pocas muertes horribles, James.

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  4. Puedes usar todo lo que ves aquí, y lo del primer bancal no, lo del segundo.

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