domingo, 8 de mayo de 2011

Ya puedo masticar tranquilo.

Sabéis esa herida en la boca, no como todos decís, en el paladar, no, esa que os habéis hecho vosotros mismos hurgando, y que vas mordiendo más y más, que no puedes parar. Y te haces daño. Y se hincha. Y ya se vuelve insoportable. Te la muerdes sin querer. Duele, escuece. Pero tu sigues hurgando, porque eres imbécil.

Pues yo ayer, decidí no hurgar más. O no. Creo que no es eso exactamente. Ayer dejó, por fin de molestarme. La hinchazón se va. Y te sientes bien. Libre. No actuas con miedo a cada mordisco. Eso es felicidad. Volver a la juventud.

Solo diré una cosa más, celebrando tanto mi libertad espiritual como mi renovada juventud:

TETAS.

2 comentarios:

  1. ¿Y si te muerdes sin querer mientras duermes?
    Las mías son así. Mientras duermo. Y por la mañana mi boca es un circo super animado. Aunque para mí y para la sal de la comida que coma, no tendrá ni puta gracia.

    Enhorabuena, es bueno siempre renovar tiempos que fueron mejores. Porque... ¿fueron mejores, verdad?

    ResponderEliminar
  2. Fueron, serán..., todo se verá.

    Es un dolor que joder, engancha.

    ResponderEliminar