Después de tantos años, por fin descubrieron lo que realmente le pasaba a su hijo, aunque ya habían asumido que era imbécil y punto. La respuesta llegó después de que este cayera de cabeza desde su cama (que era una litera), y ante la preocupación de sus padres, no tuvo mas remedio que ceder e ir al hospital, y fue después de la radiografía de su cabeza cuando se descubrió la cosa.
El pobre tenía un castor iraní alojado en el lado izquierdo del cerebro, que le impedía pensar con claridad, y desde el 96 le manejaba desde la sombra (porque al cerebro no llega el sol) . De ahí esa fea manía de ir mordisqueando las patas de las mesas y sillas de casa, y otras que no contaremos para preservar algo de la intimidad de este pobre chico.
El caso es que el castor había llegado a su cabeza un año antes del mencionado en el párrafo anterior, huyendo de su Irán natal, ya que se estaba llevando a cabo una limpieza de esta especie por la superpoblación que habían alcanzado. Si algún día vais a Irán, veréis como todo esta lleno de presas de echas a base de ramas, y eso que no hay muchos ríos que digamos.
El caso es que se lo extrajeron, y aunque ahora el chico está en silla de ruedas y habla con un ordenador, es uno de los científicos con más reputación del mundo, y además tiene de mascota un castor iraní tela de listo.


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