lunes, 14 de noviembre de 2011

Charcos.


Ha llovido, y sales a la calle.
Te embarga el olor de la lluvia, ese olor a humedad, ese olor a vida, el buen olor. Disfrutas a cada paso, lo dejas correr dentro de ti.

Y entonces llega lo mejor. Algo de buena música recién descubierta, y un montón de charcos por pisar. Te pones perdido, saltas, gritas, chapoteas, eres feliz, corres, dejas de preocuparte, solo te dejas llevar, los problemas desaparecen, tropiezas, ríes, y sabes que te la vas a cargar, que estás lleno de barro, pero de perdidos al río, te revuelcas por la hierba húmeda que ha salido en ese descampado..., hasta que te quedas sin fuerza y sin voz.

Vuelves a casa empapado, te duchas.
Dejas que el calor del agua corra sobre ti, reconfortante.
Una de las mejores tardes desde que tienes 20 años.

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