
Llego a mi casa, cansado, y me acuesto sin reparar en los diversos enseres que hay en la mesa de mi habitación.
Al levantarme, voy al baño, orino durante tanto tiempo que casi me duermo, y al regresar a mi habitación para cubrirme con cualquier trapo que encuentre, diviso el horror. Mi cable de guitarra destripado. Y junto a el el arma utilizada. Una especie de cuchilla extraña.
Mi padre, intentando reparar mi guitarra (que evidentemente no funcionaba), ante la imposibilidad de hacerla sonar, ha deducido que el fallo es del cable, y raudo y veloz, lo ha roto. ¡EL PUTO CABLE FUNCIONABA!
Cuando llega a casa se lo comento, y lo que me dice es: "De todas formas ahora te tienes que comprar otro, y así vemos si era el cable o no". Los cojones digo yo.
Encima tengo que pagar el jodido cable nuevo. Esto va a acabar mal, mal, mal. Que rabia.


Joder, Omar. Esa guitarra es un cáncer.
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