viernes, 1 de abril de 2011

La historia del guisante alemán, parte 2.


Al lo largo de la vida en España, nuestro guisante aprendió a hablar español, más por obligación que por gusto, pero conservó un marcadísimo acento alemán, para dar por culo básicamente.

Pero todos sabemos como son los guisantes españoles, y más aún los de esa época, unos malditos racistillas. Así que buscaban cualquier escusa para meterse con TMS, que si su vaina era pequeña, que si eran pobres, que si se despellejaba. Pero la manera que mas les gustaba de meterse con el, y la más estúpida, porque negarlo, era restregarle a cada segundo que no tenía tobillos.

- Jà, no tienes tobillos, y así nunca serás un guisante de provecho.
A lo que Te Mato Sosio, que mantenía la agudeza mental alemana, respondía:
-Vosotros tampoco, los guisantes no tienen tobillos, ni los necesitan. (Dicho con un gran acento alemán).
-No estamos hablando de nosotros, sino de ti, y sin tobillos nunca harás nada digno de recordar, como Cristiano Guisanto (CG7), Albert Guisanstein, o Jose Luis Rodriguez Guisantero, presidente de este campo.

Y estos insultos realmente dolían a nuestro protagonista, pues aunque intentaba ocultarlo, sabía que nunca cumpliría su sueño de llevar calcetines.

Y odiaba a Lady Gaga.

El caso es que poco a poco había superado los insultos y se empezaba a adaptar, hasta que se enamoró perdidamente de una guisanta verde y arrugada (los guisantes tienen un sentido de la estética diferente al de los humanos), hija de guisantes amarillos lisos y nieta de un guisante amarillo liso y una guisanta verde y arrugada, cosa que para, los que habéis estudiado algo de genética, ocurre solo el 6.25% de las veces. Toma ya. Pues al amor de nuestro protagonista la llamaremos Muerte.

Después de muchos y arduos intentos, y de ganarse el favor de sus compañeros guisantes, que ya actuaban como verdaderos españoles, a base de perder la dignidad, consiguió establecer una correspondencia regular con Muerte, y, maravillas de la coincidencia, cuando recogieron la cosecha y la enlataron coincidieron en la misma lata.

Se dedicaron por completo al desenfreno en los días que estuvieron enlatados, bañados de aceite, y sin ningún pudor de estar rodeados de otros guisantes que les miraban con ojos viciosos. Se sentían plenos, tanto TMS como Muerte.

Y así llegaron a UK, donde una familia les hizo puré y se los comió.

Aclararé, como fin de historia, un dato importante. Ambos sufrieron mucho en el proceso de su muerte, pues primero les cocieron, y luego les pasaron por una máquina de hacer puré bastante antigua que les descuartizo lenta y angustiosamente.

FIN

1 comentario: