
Erase una vez, una puerta. Era una puerta roja, metálica. Esta era una puerta de instituto, y se sentía muy sola.
Siempre veía a los híper hormonados alumnos de la E.S.O., con sus mini faldas, sus ropajes estúpidos, sus cuerpos pubescentes..., que no le hacían el mínimo caso. Y para mas inri, estos se apoyaban sobre ella, la rozaban, la acariciaban sin casi enterarse.
La puerta estaba cachonda, la puerta quería rollo. Así que decidió, cierto día, desencajarse de la pared, y salir en plan destroyer. Estaba convencida, se decía a si misma: "ESTA NOCHE FOLLO".
Pero nuestra puerta no estaba acostumbrada a salir, mucho menos a beber. A las 11 de la noche estaba tirada al lado de un contenedor, borracha, sin poder ni moverse (todo esto teniendo en cuenta que era una puerta). Pasaron varias horas.
Al cabo del rato, cuando la puerta había pensado que iba a morir por su estúpida decisión, llegaron unos hombre mayores vestidos de forma extraña. Cogieron a la puerta y la llevaron a un taller. Lo que pasó a continuación fue extraño. La agujerearon, arrancaron la piel, y descuartizaron. Mucho dolor. Tanto que duele. Vosotros no lo soportaríais. Pero lo que sobrevivió de la puerta, se había transformado en un cajón.
A partir de ahora, la puerta, que ahora es un cajón, pero que antes era una puerta, es feliz, porque cada cierto tiempo es excitada en el roce con el cuerpo de la mesita de noche, que es muy sexy. Sexo sin compromisos.
Y colorín colorado, esta puerta, se ha empalmado.


En serio, y si publicamos un libro de relatos? "Relatos por y para idiotas", de Juanmi Serrano y Omar Espadafor... está bien, si consigues tú que nos lo editen, tu nombre va delante.
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