jueves, 26 de mayo de 2011

Como una tortuga con auriculares.

Entonces soy fuerte. Nada me hiere. Me siento al mismo nivel que la gente, o incluso un poco superior. Yo elijo el ritmo de mi vida. De mis pasos. Pensad lo que queráis, pequeños bastardos. Tengo confianza. Hasta que se acaba la música.

Sin música soy débil. Muy débil. Me siento inseguro. No me gusta escuchar lo que la gente dice por la calle. Prefiero imaginarlo. Imaginar que todas esas personas son buenas. La música me hace libre. Si no tuviese mis auriculares en la calle, altavoces en casa, mi vida se derrumbaría. La música me levanta.

Bares en los que la música tiende a coincidir con la propia. Porque la ajena no causa el mismo efecto. Puede llegar a causarlo, pero solo cuando se convierte en propia.

Y ya está.

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