
Se levantó, y trató de averiguar a que día de la semana se encontraba. No pudo, pues su calendario quedó desactualizado cuatro o cinco años atrás, y al no recordar cuantos años bisiestos habían pasado desde entonces, no pudo ubicar el día trece de diciembre en la semana. De modo que se levantó.
Trazó su ruta habitual, visitó brevemente el baño, más por costumbre que por otra cosa, ya que sabía de antemano que no iba a ser capaz de defecar hasta que pasasen al menos dos o tres horas más. -"Maldito intestino grueso."- Pensó para si mismo. Tras esa parada, en la que jugó un nefasto partido de "Fifa 010" en su maltrecha "Nintendo DS", fue hacia la cocina, donde desayunó-almorzó un ibuprofeno, un desenfriol y un trago de vodka, pues notaba que empezaba a pensar, y eso no era bueno, no lo era.
Descansó un poco mientras su ingenioso cocktail hacía efecto, tiempo que aprovechó para pensar en lo maravillosa que era la palabra cocktail, literalmente traducida, polla-rabo, pero su cábala quedó a medias, pues sintió la llamada de la naturaleza de entre sus tripas. Se felicitó a si mismo, pues casi llegó al baño antes de derramar las primeras gotas de su descompuesta deposición sobre el ligeramente amarillento mármol del servicio.
Cuando salió de esa horrible habitación se sirvió otra copa, y se remangó los sucios bajos del pantalón del pijama, y se sentó a escribir, con cierta dificultad, sobre los acontecimientos últimos de su vida, pues esa era la fórmula que una vez, tiempo ha, funcionó para lograr pagar las facturas, y llevar algo de comida decente a casa.


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